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“RETOS PSICOLÓGICOS EN TIEMPOS DE CRISIS”

Psicoanalista Adriana Ortíz Barraza.

Les damos la más cordial bienvenida a nuestro blog, que tiene la finalidad de compartir y generar ideas que colaboren a la mejora de la salud mental.
En esta ocasión te invitamos a leer el siguiente artículo, respecto a los retos psicológicos planteados durante la pandemia originada por el covid-19.
El ser humano desde sus orígenes se ha enfrentado a diversas crisis, es decir, a situaciones complicadas que ponen en riesgo la continuidad de algún proceso. Las crisis se caracterizan por generar en el individuo un estado de estrés elevado y por lo tanto sentimientos displacenteros.


Sin embargo, ante los cambios abruptos también se tiene la posibilidad de evolucionar, aunque esto represente una serie de sacrificios, trayendo consigo una serie de retos y exigencias. Entre las que destaca la importancia de la salud mental, ya que repercute en el individuo y en su entorno como: la familia, el trabajo, la escuela o los amigos.

A lo largo de la historia de la humanidad, siempre hemos querido conquistar el mundo y a los demás; resulta que ahora prácticamente de un día para otro no tenemos el control de lo que está pasando, por ejemplo: lo que antes era “normal” hoy ya no lo es, encontrándonos ante lo relativo de nuestra existencia, lo que implica entonces un cambio.

Se habla mucho hoy en día de “la nueva normalidad”, siendo una forma concreta de decir, que las cosas ya no serán como antes en aspectos diversos
La pandemia ha provocado una crisis a nivel mundial, constituyendo ciertas complicaciones, desde el aspecto económico, el aislamiento social, hasta el riesgo para la propia vida y la de nuestros seres queridos. Todo esto genera malestar psíquico en una persona, porque nos enfrentamos a la incertidumbre a lo desconocido.

Esta crisis ha dado 3 golpes al narcisismo de la humanidad:
-Que no somos omnipotentes: es decir que no todo lo podemos.
-Que no somos omniscientes: es decir que no lo sabemos todo.
-Que no tenemos el control de todas las cosas.

Uno de los retos psicológicos al que nos estamos enfrentando, consiste en adaptarnos a las nuevas circunstancias, para ello necesitamos ir elaborando una serie de duelos, ya que en estos últimos meses se han tenido varias pérdidas:
Pérdidas Físicas: hoy más que nunca muchas personas se encuentran elaborando duelos.
Pérdidas laborales: despido, reducción de sueldo, espacio de trabajo.
Pérdidas de pareja: divorcios, distanciamientos.
Pérdida de la libertad de salir de casa cuando se quiera.

Las pérdidas nos ponen vulnerables, y solemos asociar ese estado con debilidad, con estar expuestos y desprotegidos. Hay quienes al experimentar su vulnerabilidad de inmediato buscan refugio, utilizando mecanismos de defensa como por ejemplo: comer en exceso, ingerir bebidas alcohólicas, o irritabilidad emocional.
Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis menciona una frase que me parece muy acertada ante lo anterior mencionado:

“De tus vulnerabilidades saldrán tus fortalezas”

Sabernos vulnerables nos acerca más al autoconocimiento, ya que si miramos de frente nuestros puntos flacos, podemos trabajar en ellos y transformarlos en fortalezas.

El confinamiento nos hizo dejar de mirar al exterior y mirarnos más en lo interno, aunque eso implica ver todas aquellas cosas que no nos gustan de nosotros mismos, para así evolucionar y salir fortalecidos.

Retos psicológicos en tiempos de crisis

Psicoterapeuta Patricia Elías Atala


La pandemia nos ha empujado a una serie de crisis, a nivel: personal, de pareja, con los hijos, los padres y el trabajo. Está siendo el parteaguas de una sucesión de cambios importante en la humanidad. Como clínica especializada en la salud mental deseamos poner en palabras aquello que estamos viviendo, elaborarlo y comprenderlo con el fin último de crecer en conciencia.

Con el confinamiento entramos en un silencio ruidoso, se frenó de tajo la vida tan acelerada que llevamos. Nç´o se canceló el trabajo para la mayoría, pero se cancelaron, trayectos, estancias prolongadas en la oficina, malos humores del jefe. El silencio ha sido la oportunidad de estar más con nosotros mismos y poner en palabras el ruido interior: “necesito divorciarme”, “necesito cambiar de colegio a mi hijo”. Seguramente esto llevará a una o varias crisis de vida, pero bien manejadas prometen crecimiento.

Otro gran oportunidad ha sido con los hijos. La cercanía ha permitido reconocer sus fortalezas y debilidades. Algunos padres se han sorprendido de lo bien que resuelven, mientras otros han tenido la oportunidad de dimensionar sus carencias. A sabiendas de cómo se desempeñan, podremos brindarles mejores herramientas.

Otra ventaja es que el vínculo se ha estrechado, algunos niños están reparando carencias de etapas anteriores. También hemos tenido la oportunidad de mirarnos en nuestros hijos, sus comportamientos odiosos generalmente son replicas de conductas paternas, como: adicción a las pantallas, comer sin control; es la ocasión de generar consciencia y trabajarlo. También es la oportunidad de reconocer quiénes son lejos de las expectativas parentales.

Otra área que ha representado un gran reto ha sido la pareja. Nos hemos topado con crisis no resueltas y expectativas irracionales. La oportunidad es aceptar el error y dejar de pedir que el otro se convierta en nuestra pareja de cuento de hadas. Por otro lado, en algunos casos se dio un ajuste de roles de genero, la gran responsabilidad que implica la casa y los hijos, por primera vez en muchos hogares se repartió.

En referencia a los padres la separación ha sido un grandísimo acto de amor, ya que les ha mantenido protegidos. Ante el distanciamiento es común escuchar a muchos hijos con angustia de separación y un fortísimo deseo de reunión, sin embargo en está separación han descubierto que sus padres no son tan débiles y que puede ser más una necesidad personal. Otros han descubierto que la separación les ha dado la oportunidad de independizarse. Otros se han visto confrontados con sus relaciones fallidas y la necesidad de reparar. De forma generalizada la distancia ha sido una oportunidad para replantearnos formas de convivencia.

Por último, en el confinamiento algunos han reafirmado su elección profesional, el trabajo satisface sus necesidades personales de desarrollo y económicas. Pero otros, se han visto confrontados con trabajos desmoralizadores, que simplemente son el medio de sobrevivir. Ha sido también la oportunidad de reconocer las debilidades y fortalezas, algunos han descubierto su verdadero potencial, otros sus dependencias.

Con todos los retos en la diferentes áreas de desarrollo, el pasaje de la pandemia podría compararse con el choque de placas tectónicas que generan un temblor. En las crisis tenemos la oportunidad de convertirnos en un individuo, fuera de los complejos paternos y de expectativas sociales. La demanda del pasaje es crecer, significa finalmente confrontar nuestras dependencias, nuestros miedos, sin culpar al otro y tomar responsabilidad.

Comentarios acerca del duelo durante la pandemia.

Psicoterapeuta psicoanalítica Patricia Elías Atala

La pandemia ha traído consigo una serie de cambios importantes, pero sobre todo ha sido un periodo de muchas pérdidas. De: seres queridos, estilo de vida, libertad, de la salud, de nuestras redes de apoyo y la esperanza. Hemos perdido mucho, podría decir que hemos entrando en una fase depresiva.

Generalmente huimos de la depresión, cuando, sí logramos poner en palabras aquello que nos aqueja se convierte en el remedio; el hacer caso omiso a la tristeza, lo único que promete es perpetuar lo depresivo y posiblemente la manía. Ésta última es la que nos defiende de tocar lo doloroso, por ejemplo abrir el refrigerador y comer en exceso, beber desmesuradamente, no poder dejar de ver pantallas, etc.

Otro elemento característico de la pandemia es que los duelos se están viviendo de manera distinta, ha sido la génesis de duelos complicados, duelos postergados. El proceso de éste depende de la relación que se tuvo con la persona que murió y la fortaleza emocional.

El duelo es la reacción frente a la pérdida de un ser amado. En el normal, la energía después de un tiempo es retirada de la persona fallecida y desplazada a otro. Este proceso trae alteraciones en la conducta normal de la persona, tristeza, rabia y posible desinterés, sin embargo, no es considerado un estado patológico ya que con el paso del tiempo mejora.

Mientras que en el duelo patológico, la persona se identifica con la persona que murió, sintiéndose como sí no existiera, esto lleva a tener un sentimiento profundo de dolencia y desinterés. La persona es incapaz de ser productiva y pasa a mostrar una conducta de autorreproches, castigos hacia sí mismo en forma constante y la sensación de haber perdido parte de su propio ser. De forma generalizada salen a la luz la fortísima dependencia y sensación de vacío, más que de tristeza.

El proceso del duelo va a presentar numerosas acciones dirigidas a la necesidad de readaptación. El espacio terapéutico puede apoyar en esta readaptación, sin embargo existen entornos no analíticos, que pueden ayudar de manera significativa. Las religiones presentan rituales que de forma indirecta apoyan este trabajo, ya que varias culturas reconocen la necesidad del doliente para expresar respeto por la persona muerta y el dolor por la pérdida. La espiritualidad junto con la religión pueden ayudar ofreciendo prácticas y redes de apoyo social que permitan salir del aislamiento y la soledad (Chaim, 2015).

El duelo en la pandemia se ha complicado, éstas son algunas de las observaciones:

-Hemos perdido la oportunidad de acompañar a nuestros seres queridos en le lecho de muerte. Se ha imposibilitado el estar en su último respiro, poder sostenerle la mano y reconfortarles en su partida, poder despedirnos, decir el último adiós. Muchos mueren de la manos de un sistema de salud colapsado.

-Hemos perdido la oportunidad de un ritual religioso y del apoyo social. Ante la muerte existe una necesidad ancestral del ritual, en la mayoría de las religiones existe una visión reconfortante ante la muerte, por otro lado las instituciones religiosas, sus líderes, los integrantes, amigos y familiares funcionan como yo auxiliares, es decir ayudan al doliente a superar su pérdida, dan palabras de aliento, escuchan su dolor, les ayudan a resolver cosas de la vida cotidiana y son catalizadores. Con el confinamiento las redes de apoyo se mantuvieron a distancia.

-Duelos postergados, duelos complicados. En algunos casos están en manía , defendiéndose de lo depresivo con la fantasía de poder hacer el ritual de despedida para poder comenzar el cierre. Es como sí fuese un duelo postergado. Esta manía es un intento de controlar la pérdida, hacen muchos rituales que no logran sustituir al original. Es común que se presenten sueños recurrentes, donde por fin pueden velar a su ser querido. En otros casos racionalizaciones en un intento de normalizar los acontecimientos de pérdida. Por ejemplo una mujer que perdió a su madre y padre de COVID, imposibilitada a viajar, esto es lo que expresó: “es lo que toca, así tenía que ser y no puedo hacer nada al respecto”, sus palabras carentes de afecto. Claramente una cuestión defensiva.

En la postergación del duelo, es recomendable buscar ayudar, tener un espacio donde poner el palabras la tristeza de la pérdida, un espacio donde hacer catarsis. Llegará el día que se podrá hacer esa misa, ese velorio, ese ritual. El proceso de duelo seguramente tomará más tiempo, la presión de resolverlo rápido lo único que hará será complicarlo más.

La vida nos está forzando a mirar a la muerte de manera más natural, imposible de escapar. Algunos vivimos en situación de privilegio, que de forma generalizada nos permite darle cara, la muerte sorpresiva de muchos era cosa del pasado, ahora es la muerte del presente, es de todos.

Bibliografía:
Chaim , Esther (2015). Duelo: una mirada desde diferentes perspectivas. SPM.

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